La semana pasada tenía sesión en Badajoz. Algunos os podréis imaginar la pereza que me daba, sólo de pensar en meter todo el estudio en el coche y las veces que iba a tener que cargar y descargar me entraba bajón. Pero, como a la mitad de los 409 kms que tenía que hacer, me dí cuenta de que estaba considerando todo desde el punto de vista equivocado. No era un viaje por una mala noticia, ni un viaje que tenga que hacer todas las semanas en un trabajo que no me gusta. Sino que me iba de viaje para hacer fotos a una niña de casi 3 semanas con unos padres ilusionados porque las hiciera. ¡Y cuánto me alegro de haber ido! Disfruté mucho, superé el reto de hacer una sesión fuera de mi estudio, comí jamón buenísimo, desconecté de mi día a día y del ordenador y me sentí como en casa. Sólo puedo estar feliz de haberles conocido y de haber podido hacer las fotos a María que como veis, tiene los mofletes más comestibles del mundo!
Y mejor no os cuento todo lo que se hizo encima de mí…. al padre no le daba ni tiempo a coger toallitas para limpiar todo eso, así que al final nos entró la risa a nosotros mientras ella seguía tan plácida en mis brazos….
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